DANIELA LHORENTE ES WALESKA

SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES

Daniela Lhorente vuelve a encontrarse con uno de los personajes más recordados y queridos
de la ficción chilena: Waleska Marambio “La Pelito”, la inolvidable figura de “El Circo De Las
Montini” que, a más de dos décadas de su primera aparición, regresa con la misma fuerza,
carisma y espíritu indomable que conquistó al público.


Entre recuerdos de rodaje, procesos creativos, anécdotas entrañables y la sorprendente
vigencia del personaje en la memoria colectiva, la actriz reflexiona sobre lo que significa revivir
a una mujer tan intensa, aspiracional y profundamente humana. En esta conversación, Daniela
abre la puerta a la historia detrás de Waleska, su impacto emocional y las posibilidades de un
nuevo futuro para este icónico personaje.

La necesidad de reconectar con su energía, su empoderamiento y su decisión.
La verdad es que es un personaje que me pone en un lugar muy distinto a lo que soy
yo: una mujer más pasiva que activa, más insegura que segura… entonces también
tiene algo muy terapéutico para mí (risas).

Además, se dio algo muy especial. Cuando viajé a París, en un paseo llegamos a la
Torre Eiffel y ahí pensé en Waleska… Le mandé un mensaje a la señora Lidia (personaje
interpretado por la maravillosa Carmen Disa), contándole lo lejos que había llegado
Waleska. Era una imagen muy divertida y también muy simbólica: esto de que uno
puede llegar lejos, cumplir sus sueños.

Ese momento generó muchísimo cariño y comentarios en Chile, y ahí pensé: quizás
Waleska podría volver, después de más de 20 años.
Y así fue.

Ha sido muy entretenido, pero también un proceso creativo. Me ha hecho preguntarme:
¿qué pasó con ella después de que la echaron del circo? ¿Cómo se reinventó? ¿Qué
pasó con su hijo? ¿Cómo siguió su vida en todas sus áreas?

Waleska es un personaje que, a pesar del tiempo, sigue teniendo fuerza: impulsa,
mueve, alegra. Y eso me encanta, porque la gente se identifica con su forma de ser,
con sus frases, con su empoderamiento.Siento que aporta, desde el humor, pero
también desde una energía muy inspiradora.

Increíble. He recibido muchísimo cariño, sobre todo de la generación que vio la
teleserie en su época.

Y también han aparecido muchas ideas: que Waleska tenga un podcast, que
entreviste a los personajes del circo, que se haga una teleserie vertical contando qué
pasó después… Ha sido muy bonito ver cómo el personaje sigue vivo en la gente.

Trabajar en teleseries dirigidas por Vicente Sabatini en esa época fue una escuela
increíble. Para mí era lo mejor que me podía pasar: seguir aprendiendo, investigando
historias, culturas, épocas. Fue muy nutritivo y motivador.

En esta teleserie entrenamos disciplinas circenses durante aproximadamente un mes.
A mí me tocó trapecio fijo y cuerda, y me encantaba, era un gran desafío.

Luego nos entregaban el personaje con su historia y relaciones, y comenzaba un
trabajo de observación muy bonito: compartíamos con un circo real, íbamos a sus
casillas, conversábamos, observábamos personajes.

El proceso creativo continuaba durante las grabaciones. Recuerdo con mucho cariño
a Alfredo Castro, quien me dirigió en varias escenas al inicio. Yo disfrutaba mucho que
me propusiera ideas, que me moviera, y lo pasábamos muy bien grabando.

Sí, el no darme por vencida. Waleska y yo compartimos esa fuerza: nos reinventamos
constantemente y, de alguna manera, siempre volvemos a levantarnos para ir por más.

Varias. Recuerdo con mucho cariño las escenas con Eduardo Soto (Papá Leo). Era un
compañero muy generoso, con mucho humor, nos reíamos mucho.

También las escenas en la casilla de la señora Lidia: el espacio era muy pequeño y
éramos muchos personajes, entonces se generaban momentos muy divertidos,
muchos chascarros.

Y, por supuesto, la escena en que Waleska se va del circo. Fue muy emotiva, además
yo estaba embarazada de ocho meses en la vida real, así que fue muy intenso. Esa fue
mi última aparición en la teleserie.

Más que una anécdota puntual, recuerdo la intensidad del trabajo. Grabábamos en el
coreto, dentro de la carpa, justo antes de salir a escena.

Llegábamos muy temprano, muy maquillados, cada uno enfocado en su disciplina.
Eran jornadas largas, con escenas complejas, muchos personajes entrando y saliendo,
mucho movimiento.

Había que estar muy concentrada, muy despierta… pero también lo pasábamos muy
bien (risas).

Me encantaría seguir desarrollándola. Aún no tengo claro en qué formato, más allá de
redes.

Pero sí, me parece muy interesante la idea de una teleserie en formato vertical… creo
que podría ser algo muy entretenido.

No, no la definiría como villana. Es un personaje profundamente humano.

Surge desde la carencia, desde el deseo de surgir, de ser vista, de pertenecer. Es una
mujer aspiracional, intensa, que ama, que se equivoca… y que no está dispuesta a
quedarse en el lugar que le tocó.

Claro, genera caos, toma decisiones cuestionables —como involucrarse con dos
hermanos—, pero no lo hace desde la maldad, sino desde su necesidad emocional.

Y eso es lo que la hace tan cercana: porque no es perfecta, es humana.

Créditos: Fotografía & Arte: Diego Candia / Maquillaje: Marcela Valdebenito / Pelo: Carla de Scarlas