Por: Ignacia Sánchez Álvarez

Aunque muchos lo conocen desde sus inicios en teleseries como Vivir con 10, Alonso Quintero ha
tenido un camino poco convencional: partió en la actuación casi por casualidad, estudió Sociología y
hoy transita entre los sets de televisión y su interés por el conocimiento. En esta conversación
reflexiona sobre sus inicios, el desencanto con la actuación, su reencuentro con ella y cómo la
curiosidad ha sido su motor más constante.
¿Cómo comenzaste en el mundo de la actuación?
Profesionalmente, fue porque me vieron haciendo una obra de teatro en el colegio y me invitaron a un
casting. Fui, quedé, y así llegué a Vivir con 10, que fue la primera teleserie que hice. Tenía 13 años. Me
motivó porque me parecía entretenido, me gustaba ver teleseries cuando era chico, entonces pensé
que iba a ser una experiencia divertida —y efectivamente lo fue—. No fue algo que me tomara como un
trabajo en ese momento, obviamente. Era un niño, por lo tanto, era un juego todo lo que hacía.
¿Recuerdas tu primer papel?
Sí, se llamaba Baltazar. Baltazar Solé. Era el menor de esta familia de diez hermanos en Vivir con 10,
todos hijos de Malucha Pinto. Fue una experiencia muy entretenida, bonita. Además, era el más chico
del equipo, entonces todos me trataban como… era el regalón, obviamente. Y eso siempre es muy
entretenido.
¿Hubo algún momento en que pensaste en dejar la actuación?
Sí, pero mucho después. De hecho, la dejé por un tiempo, como en 2014 o 2015, después de que dejé
de trabajar en Canal 13. Me puse a hacer teatro harto rato. Como te digo, empecé a actuar porque me
llegó no más, no fue algo que yo buscara. Nunca había pensado en ser actor desde chico. A mí me
gustaba la historia, las ciencias sociales, cosas así. Quería estudiar algo relacionado con eso.
Entonces, en un momento en que dejé de trabajar en televisión un rato, decidí que quería volver a
estudiar, algo más ligado a mis intereses personales. Y ahí me puse a estudiar Sociología, en 2018.
Terminé la carrera en 2022, y hace un par de semanas terminé mi magíster. Cuando entré a estudiar
Sociología pensé en dejar de actuar, claramente, porque quería dedicarme a esto otro. Ahora las
cosas se han dado para seguir haciendo ambas en paralelo o turnando actividades. Pero la verdad, no
tengo claro qué es lo que quiero hacer de ahora en adelante.
¿Cómo son tus procesos creativos? ¿Cómo te preparas para interpretar un personaje? ¿Tienes algún
ritual antes de subirte al escenario o empezar una grabación?
Leo harto los textos, busco referencias, trato de entender cuáles son las motivaciones del personaje,
cómo manifiesta su emocionalidad. Me importa mucho cómo se relaciona con los personajes alrededor:
cómo se refiere a sus padres, a su pareja, a sus amigos… Esos vínculos constituyen también cómo él
se autopercibe y cómo se presenta ante el resto.
¿Ritual? No, la verdad es que no. No soy una persona muy ritualista, porque no creo en los rituales. Es
que no creo en nada muy místico, la verdad.

¿Qué tipo de personajes te desafían más como actor?
Creo que los personajes más alejados de mí, los que no tienen nada que ver conmigo, ni en su forma
de hablar ni de actuar. Eso me es más difícil porque uno tiene que forzarse a salir de uno mismo, a
buscar referencias, entender cómo otras personas se vinculan, cómo reaccionan emocionalmente. Ese
trabajo requiere más análisis, más tiempo, más concentración.
Has trabajado en teatro, televisión y cine. ¿Cuál de estos formatos te resulta más desafiante o
gratificante?
Yo creo que cada uno tiene su complejidad. El teatro me parece el más desafiante porque tienes que
estar actuando en vivo, y por tanto no puedes equivocarte. En general no me equivoco porque soy muy
estudioso, pero si alguien más se equivoca, tienes que saber resolver. Eso en cine o televisión no es
tan grave, porque se vuelve a grabar.
Todos son gratificantes: el teatro tiene eso del aplauso del público y el estar ahí, frente a la gente, que
es muy lindo. El cine me gusta mucho porque te permite trabajar más tiempo las escenas, darle vueltas
a la propuesta. La televisión tiene el gran desafío de que tienes que grabar todo muy rápido, pasar de
una cosa a la otra sin quedarte pegado. Si no te gustó, tienes que hacerlo lo mejor posible lo más rápido
posible, y eso —aunque la gente no lo tiene tan claro— es muy desafiante. Yo te diría que la tele es de
lo más exigente en ese sentido.
¿Cómo ha sido tu experiencia en el cine chileno? ¿Qué crees que lo distingue?
Ha sido muy entretenido. He hecho un par de películas en que lo he pasado muy bien. El cine chileno
es algo bien complejo porque es bien precario, se hace súper a pulso, no hay muchas lucas. Todo está
siempre ahí, medio improvisado, medio tres y al cuatro, pero se hace con demasiado amor. La gente
que se dedica al cine realmente lo ama: ama contar historias, ama el formato, y ese compromiso es
muy lindo, se contagia.
Creo que el cine chileno está en una época de transición importante: de contar historias “para nosotros
y sobre nosotros” a buscar relatos que resuenen también en otros públicos. Hay más acceso a
festivales, financiamiento internacional, y eso empuja a mirar hacia afuera. Tiene una identidad estética
propia, una forma de narrar bien chilena. Yo no sé si soy tan fanático de esa estética, pero sin duda
tiene identidad.

¿Cuál ha sido el proyecto que más te ha marcado y por qué?
Yo creo que los proyectos que más me han marcado tienen más que ver con el momento en que llegaron
y la gente que conocí. Diría que los proyectos que hice en TVN —Aquí Mando Yo y Pobre Rico— me
marcaron porque ahí empecé a actuar ya como adulto, porque antes era niño. Además, generaron una
exposición que cambió mi vida.
Y también los proyectos más recientes: Juego de Ilusiones y ahora El Jardín de Olivia, porque me han
permitido reencontrarme con la actuación después de un desencantamiento bien fuerte. Pensé en dejar
de actuar porque hubo proyectos en que no lo pasé bien, y como nunca fue algo que me apasionara
desde chico, me pregunté si tenía sentido seguir. Pero estos proyectos me han hecho reencontrarme
con el oficio, con colegas que quiero, y volver a agarrarle cariño.
¿Hay algún papel que sueñes con interpretar?
La verdad es que no. Como te digo, mi pasión en la vida no es la actuación. A mí lo que más me
apasiona es aprender cosas. Me encantaría saber mucho de todo. Claramente el tiempo no da, pero lo
intento todos los días. Mis ganas de autorrealización están más enfocadas en eso que en interpretar
algún personaje específico.
¿Cómo ves el panorama actual del arte y la cultura en Chile? ¿Crees que la industria audiovisual chilena
está valorando suficientemente a sus talentos emergentes?
Complejo, como siempre. Falta financiamiento. Somos un país chico con un mercado pequeño,
entonces no hay desarrollo cultural desde el mundo privado, y el mundo público tiene muchas
limitaciones. Los fondos concursables son escasos, y el arte no es prioridad para el Estado teniendo
otras urgencias como educación, salud, seguridad…
Pero hay algunos vestigios de esperanza. Hoy se consume un poco más de arte chileno, hay
productoras internacionales, coproducciones, festivales donde a proyectos chilenos les va bien. En
música urbana, por ejemplo, que no es lo mío, pero está generando un desarrollo económico importante
para el arte.
También las nuevas tecnologías han democratizado la creación artística, y eso permite que aparezcan
nuevas voces.

¿Cómo equilibras tu vida personal con el ritmo de la actuación?
Lo que más me costó fue equilibrar los estudios con la actuación. Estuve siete años estudiando: cinco
de pregrado y dos de magíster en Sociología, mientras actuaba en Juego de Ilusiones, Dime con quién
andas, Río Oscuro, Perdona nuestros pecados… Era difícil compatibilizar ambos mundos.
Ahora que terminé el magíster, solo estoy actuando, y no me parece tan terrible. Soy muy inquieto,
siempre estoy haciendo cosas, pero decidí este año dedicarme solo a trabajar. El tiempo que tengo
ahora lo enfoco en mí: leer, descansar, estudiar cosas que me interesan, aprender cosas nuevas y
pasar tiempo con la gente que quiero. Tampoco la vida te deja mucho más tiempo. El trabajo en este
país es tremendo, se trabaja mucho independiente del rubro, entonces todos tenemos poco tiempo libre.
¿Tienes proyectos en los que estés trabajando actualmente o próximos a estrenarse?
Estoy al aire con El Jardín de Olivia en Mega, todos los días a las 15:30. Es un proyecto que estoy
disfrutando muchísimo, el equipo es hermoso, mi personaje
—Bastián— me encanta. Me permite jugar, es bien tridimensional, tiene espacio para la creatividad.
Está muy bien escrito, y eso nos facilita la pega muchísimo.
Y más allá de eso, como te decía, terminé mi magíster recién, así que cuando termine la teleserie voy
a darme un tiempo para pensar si retomo algunos proyectos personales ligados a la actuación o si me
pongo a trabajar como sociólogo. La verdad es que tengo muchas ganas de eso también. No tengo tan
claro qué va a ser de mí de aquí a fin de año, pero hay muchas posibilidades, y eso siempre es muy
bueno.
¿Qué consejo le darías a los jóvenes que quieren dedicarse a la actuación en Chile?
Uy, no sé. Me pasa que esta entrevista se enfoca mucho en la actuación, y creo que soy el peor ejemplo
porque no soy tan apasionado como muchos colegas.
Sí me encanta la ficción —ver películas, teatro—, pero no me gusta tanto actuar. Depende mucho de
cómo lo esté pasando con mis compañeros.
Pero si tengo que dar un consejo, es: estudien. Estudiar siempre es importante, no solo teatro, estudien
de todo. Filosofía, historia, literatura. Busquen referencias en todos lados. En todas partes hay algo que
puede inspirar lo que quieren contar y cómo lo quieren contar. Trabajar la cabeza siempre es una
ganancia.
Si pudieras hablar con el Alonso que recién comenzaba, ¿qué le dirías?
No lo sé, la verdad. No tengo ningún consejo que darle.
Creo que cada uno tiene que armar su propio camino con las herramientas
que tiene en ese momento, y yo lo hice así. Hoy en día estoy muy pleno y feliz. No me he
equivocado tanto. Sí, me he equivocado en algunas cosas, como todos, pero me siento realizado.
Le diría que no pierda la curiosidad. Eso sí. Que nunca pierda la curiosidad.



Créditos
Fotografía y Arte : Diego Candia / MakeUp : Marcela Valdebenito / Outfits : Vedran Skorin
